Cuando el tórax presenta un alto grado de compresión y no es posible crear expansión anterior ni posteriormente…adivinas donde se concentra toda la presión? Exacto: excéntricamente en el suelo pélvico, que se presenta tenso, hipertónico y doloroso.

Como consecuencia podemos observar rangos de movimiento que van desde la rigidez a la hipermovilidad de una estructura que descansa en el tejido blando, laxo, elongado y sin capacidad de sostén, claros indicadores de patología. Que el suelo pélvico se reconcilie con la función depende de la capacidad de expansión que consigamos en el tórax. 

El gran error: intervenir localmente.

Un suelo pélvico distendido por la presión no sólo es clínicamente relevante, sino que necesita de una intervención urgente, por la incapacidad de ascender y sincronizarse con el diafragma torácico: esto compromete la posibilidad de crear PRESIÓN INTRAABDOMINAL, acceder a las mecánicas de COMPRESIÓN (EXT, ADD, RI) y crear un APOYO eficiente, instalándonos en un patrón extensor dominado por el estrés estructural y bajo la dominancia simpática: TOCA DEFENDERSE. Cualquier acción es un peligro potencial.

Todo lo que sucede en el diafragma pélvico ocurre asimismo en el torácico (este último está también descendido e incapacitado concéntricamente) y los ejercicios de reposicionamiento INCLUYEN LA RESPIRACIÓN POR UNA RAZÓN POSICIONAL: se trata de disminuir la presión donde hay demasiada y crearla donde no hay suficiente, y la INSPIRACIÓN y la EXHALACIÓN colaboran en ello creando alternativamente expansión y compresión.

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