EL SNS y el SNP están siempre o deberían estar en un EQUILIBRIO DINÁMICO, influenciando continuamente procesos involuntarios, con una actividad relativa respecto a los estímulos que reciben: los estresores estimulan las funciones del SNS (flight/fight) decreciendo la actividad del SNP y por lo tanto el TONO VAGAL. 

Esto provoca una respuesta fisiológica que desencadena un estado de ALERTA  para responder rápidamente a situaciones percibidas como AMENAZAS acelerando la función pulmonar y cardíaca para preparar al organismo tanto para escapar como para luchar por la SUPERVIVENCIA.

A corto plazo son respuestas ADAPTATIVAS SALUDABLES, pero mantenidas en el tiempo SE CONVIERTEN EN PERJUDICIALES.

El estrés crónico, común en nuestro estilo de vida, puede ser un importante disruptor de nuestra SALUD FÍSICA, MENTAL Y COGNITIVA.

La alteración del SISTEMA INMUNE, la alteración de la actividad CARDIOVASCULAR Y RESPIRATORIA en orden a mejorar la HOMEOSTASIS METABÓLICA Y LA EFICIENCIA ENERGÉTICA, son, entre otras las consecuencias de un BAJO TONO VAGAL.

También se ven alterados los mecanismos relacionados con la COGNICIÓN y el COMPORTAMIENTO, la REGULACIÓN DE LAS EMOCIONES Y LA INTERACCIÓN SOCIAL.

La BAJA ACTIVIDAD PARASIMPÁTICA está relacionada con una BAJA TOLERANCIA AL ESTRÉS, con un incremento de la vulnerabilidad al mismo y de la incapacidad de HACERLE FRENTE.

Revisiones realizadas con estudiantes demostraban que en situaciones relacionadas con el ESTRÉS, aquellos con un TONO VAGAL ELEVADO respondían con MENOS EMOCIONES NEGATIVAS Y MENOR MALESTAR GENERAL, al contrario qoe los individuos con un TONO VAGAL REDUCIDO.

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